Caminar y crecer

Así decía Chambao en una de sus canciones: “poquito a poco entendiendo, que no vale la pena andar por andar, que es mejor caminar pa’ ir creciendo.”

Y el poeta Antonio Machado dijo: ” Caminante no hay camino, se hace camino al andar”.

Y así es como uno va creciendo según camina por la vida. El camino va creándose y transformándose a medida que caminamos. Cada experiencia, cada situación nos hace aprender y crecer. Y aprendemos más, cuánto más difícil es el obstáculo que nos encontramos. Es decir, si el camino fuera llano llegaríamos enseguida a nuestro destino. Pero esto no suele ser lo habitual, suele haber piedras, unas más grandes que otras, que nos pueden hacer tropezar. Y si son pequeñas, nos hacen derrapar. Hay que hacerse experto en tipos de superficies para poder ir sorteando las dificultades. También pueden aparecer desniveles, charcos, socavones, y otras circunstancias que nos frenan o nos entretienen. Pero eso es bueno, se trata de oportunidades de aprendizaje, aprendemos de uno mismo y de los demás.

Aunque a veces creamos que ya somos expertos en algunos caminos, pueden surgir nuevas circunstancias que no esperábamos y nos hacen cambiar de planes o, de dirección. Lo importante es saber cuál es mi rumbo, lo que me mantiene vivo durante mi trayecto. Además, el camino no es el mismo cuando empezamos a andar, que cuando ya llevamos un buen trecho. A veces lo que esperaba encontrar más allá, ya no está, o no es como yo pensaba, pero lo que aparece ante mí, aunque al principio no me lo parezca, puede ser incluso mejor de lo esperado.

De repente, ante mí se presenta una gran pendiente, ¿qué decido? ¿Seguir, parar o volver por dónde he venido? A veces, preferimos ir a lo seguro y volver a casa recorriendo el mismo camino por dónde hemos ido, para asegurarnos de que estamos a salvo. Incluso aquellos más precavidos han podido echar miguitas de pan para no tener dudas de por dónde volver. Esto es lo que llamamos quedarnos en la zona de confort, que tantos deciden tan a gusto. Sin embargo, si elijo subir la pendiente, descubriré que, a medida que camino, voy consiguiendo superar etapas, el camino ya no parece tan empinado y se empieza a abrir un horizonte más amplio ante mis ojos. Esa es la recompensa, después de la sudada y de la falta de aliento, cuando subo a lo más alto del camino, descubro unas vistas espectaculares. Y también, especies animales y vegetales que no conocía.

Camina, camina y sigue caminando. Aunque a veces parezca que volvemos para atrás, o retrocedemos, nunca es así. Porque aún deshaciendo el camino ya conocido, no somos los mismos que éramos cuando lo recorrimos por primera vez. Además, esta vez, al retomarlo, conseguiremos recabar más en los detalles y descubriremos algunas cosas de las que antes no nos habíamos percatado. Por eso, siempre avanzamos hacia adelante, y pensad que si no pasa nada, quizás no es vuestro camino, o ese camino esté acabado. Es necesario que durante el camino sucedan circunstancias, aparezcan diferentes personas, o las mismas, también caminando a nuestro lado. Pero hay que tener en cuenta, que cada uno tiene su camino y nadie puede recorrer el camino de otros. Podemos coincidir en algunos tramos, pero cada uno vive la experiencia, según su trayecto anterior, por lo que la riqueza de vivencias es estupenda.

Camina, camina, así es la vida.